VIDEO | Desgobierno total: afirman que Abinader pierde poder dentro de su propio partido
El presidente de la República, Luis Abinader, enfrenta crecientes cuestionamientos sobre su capacidad para ejercer un control efectivo dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM), la fuerza política que lo llevó al poder.
Según el comunicador y analista político Eduardo Martínez, aunque Abinader detenta la máxima autoridad institucional del Estado, su liderazgo partidario dista de ser hegemónico y muestra signos evidentes de debilitamiento.
Martínez sostuvo que la falta de disciplina interna se manifiesta en reiterados actos de insubordinación protagonizados por funcionarios y dirigentes de alto rango del oficialismo, quienes en más de una oportunidad han actuado al margen de la línea política del Poder Ejecutivo. Estas conductas, lejos de ser aisladas, revelarían una pérdida de cohesión dentro del PRM y una conducción presidencial cada vez más cuestionada puertas adentro.
Como ejemplo reciente, el analista apuntó contra el presidente de la Cámara de Diputados y dirigente del PRM, Alfredo Pacheco. Según Martínez, Pacheco no solo incurrió en declaraciones impropias desde el hemiciclo, sino que además utilizó un ámbito institucional de máxima solemnidad para abordar temas ajenos a la labor legislativa, incluyendo referencias personales a una comunicadora, lo que consideró una falta de respeto al Congreso Nacional.
Pero la crítica fue más allá. Martínez también cuestionó que Pacheco volviera a hacer uso del recinto legislativo para opinar públicamente sobre cambios y movimientos realizados por el presidente Abinader dentro del gobierno, atribuyéndose un rol político que, a su entender, corresponde de manera exclusiva al Poder Ejecutivo. Para el analista, este tipo de intervenciones no solo desdibujan la separación de funciones, sino que exponen la debilidad del liderazgo presidencial dentro de su propio espacio político.
En ese contexto, advirtió que la reiteración de estas conductas refuerza la percepción de que Abinader enfrenta serias limitaciones internas para ejercer un mando firme y ordenado en el PRM. Una situación que, de persistir, podría derivar en mayores tensiones políticas, afectar la gobernabilidad y comprometer la cohesión futura del partido oficialista.
Mientras el Gobierno intenta proyectar estabilidad y control, las disputas internas y los gestos de indisciplina comienzan a erosionar la autoridad presidencial, alimentando la idea de un oficialismo fragmentado y de un liderazgo que ya no logra alinear a los suyos.








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