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Lo anunció la Familia Real

Murió Isabel II, la reina de Inglaterra

Con 96 años, era la monarca más longeva del mundo.

El Palacio de Buckingham anunció la muerte de la reina Isabel II de Inglaterra. La monarca de 96 años falleció en el castillo de Balmoral, en los Highlands de Escocia, rodeada de sus familiares más cercanos. Su hijo Carlos y sus nietos William y Harry habían viajado de urgencia hacia allí para acompañarla.

“La Reina murió pacíficamente en Balmoral esta tarde. El Rey y la Reina Consorte permanecerán en Balmoral esta noche y regresarán a Londres mañana”, publicó la familia real en Twitter.

Isabel Alejandra María fue la primogénita del entonces príncipe Alberto y su esposa Isabel. Si bien nació en 1926 y creció en la residencia de White Lodge. muchos años después, como reina, habitaría en el Palacio de Buckingham con sus 775 habitaciones y pasaría los fines de semana entre el castillo de Windsor, el de Balmoral, el de Holyroodhouse en Escocia o su casa en Irlanda, el castillo de Hillsborough.

Hija primogénita del príncipe Alberto, creció mientras su abuelo, el rey Jorge V, ocupaba el trono británico y su tío Eduardo, príncipe de Gales, era el heredero natural de la corona. En 1930, nació Margarita, quien se convirtió en su compañera incondicional. Su formación durante la infancia omitió materias como matemática o Letras, y se centró solo en etiqueta y modales.

En 1936, el rey Jorge V murió y el príncipe David ascendió al trono con el nombre de Edward VIII. Pero Eduardo estaba enamorado de la norteamericana Wallis Simpson, y renunció a la corona por ella.

De este modo, Isabel, que por entonces tenía apenas 10 años, conoció por primera vez el trasfondo de una crisis en la familia real. “¿Quiere eso decir que serás la próxima reina?” le preguntó la princesa Margarita. “Sí, algún día”, respondió Isabel. “Pobrecita”, se solidarizó su hermana menor.

Sin tiempo ni preparación intermedia, pasó a ser princesa heredera; a su formación se le agregaron lecciones de caligrafía e historia de la monarquía y de la constitución británica. Para esa época comenzó a desarrollar una manía: colocaba sus lápices en líneas perfectamente rectas e igualmente espaciadas. Y hacia algo similar con sus platos de almuerzo.

En su juventud fue testigo de la Segunda Guerra Mundial, y durante éste período comenzó a resaltar su carácter y vocación. En 1945 se unió al ejército y se capacitó como conductora y mecánica. Su compromiso fue tan impactante que, con 18 años, las leyes fueron modificadas para que pudiera tomar decisiones si su padre se ausentaba o tenía algún problema de salud.

Fue en medio de la guerra que Isabel conoció el amor. En una visita protocolar a la Universidad Real un cadete fue asignado a su cuidado y al de su hermana. Apareció Felipe, un joven alto y atlético que tenía el título de príncipe de Grecia, pero no reino ya que se había abolido la monarquía.

Durante tres años mantuvieron una relación, incluso por carta y con la desaprobación del rey, quien finalmente tuvo que ceder y regañadientes aceptó al candidato. El 20 de noviembre de 1947, dos años después de terminada la guerra, Felipe e Isabel se casaron. A la boda asistieron dos mil invitados, que quedaron impresionados con la seguridad de la futura esposa de apenas 21 años.

En 1952, el matrimonio se encontraba de visita en Kenia cuando recibieron una noticia: el rey Jorge VI había muerto. La princesa entonces pasó a ser Isabel II, del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de sus otros Reinos y Territorios Reina, Jefa de la Mancomunidad de Naciones y Defensora de la Fe.

Isabel II subió al trono británico el 6 de febrero de 1952, pero la coronaron el 2 de junio de 1953 en la Abadía de Westminster. La imponente ceremonia la presenciaron ocho mil invitados y casi 27 millones de espectadores la vieron por televisión. De este modo, sin que aún se supiera lo que deparaba el futuro, se iniciaba el reinado más largo del mundo.

En sus 70 años en el trono, vio gobernar a 15 primeros ministros, 13 presidentes de Estados Unidos y 7 papas. Llegó al trono cuando Winston Churchill ocupaba la residencia oficial de Downing Street, Iósif Stalin estaba en el Kremlin, y Harry Truman en la Casa Blanca. Se va cuando la URSS ya no existe, un presidente de color llegó a Washington y un argentino es Papa.

Toda su vida defendió a rajatabla “lo primero es la obligación, lo primero es el país”; por eso cuando el entonces primer ministro David Cameron, dijo que la monarca era “un ancla permanente, soportando las tormentas y sustentándonos en la certidumbre” ni el más acérrimo republicano se atrevió a contradecirlo. Su nieto, el príncipe William, siempre la sintió como un ejemplo de “deber y compasión” y de lo que él llama “su sentido innato de calma y perspectiva”.

El país en el que nació la reina no es el mismo donde muere Isabel II. Cambiaron las estructuras políticas sociales, económicas y culturales, pero en tiempos inciertos y de cambios constantes, la reina Isabel mantuvo su rutina invariable y siempre antepuso su responsabilidad como monarca a sus deseos personales. Tanto que cuando las cosas van mal, los ingleses no dudan en maldecir al gobierno, pero cuando van bien gritan orgullosos ¡Dios salve a la reina!

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