Algo huele mal: crece el malestar con el Gobierno de Abinader por los cambios a la ley de residuos sólidos
El Gobierno de Luis Abinader vuelve a quedar en el centro de las críticas, esta vez por el manejo de la reforma a la Ley 225-20 sobre Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos, una modificación aprobada a toda velocidad en el Congreso y que ha despertado cuestionamientos tanto en el sector empresarial como en organizaciones vinculadas al medioambiente.
La controversia se desató luego de que el Senado aprobara la iniciativa de urgencia en dos lecturas consecutivas y sin el estudio previo de una comisión permanente. La Cámara de Diputados repitió el procedimiento días después, alimentando las sospechas sobre la falta de debate y transparencia en una reforma que podría triplicar los recursos administrados por el fideicomiso DO Sostenible, llevándolos de unos 3,000 millones de pesos a cerca de 9,000 millones anuales.
Diputados aprueban cambios a la Ley de Residuos Sólidos.
— Miralba Ruiz (@Miralba) June 30, 2026
Se reduce el aporte máximo de las grandes empresas, al disminuir de RD$ 3 millones a RD$ 2.2 millones la contribución más alta, se exonera a las organizaciones sin fines de lucro y se permite que las empresas más afectadas… pic.twitter.com/HsNqY2Exdw
Las modificaciones establecen nuevos esquemas de contribución para las empresas, con aumentos significativos para las compañías de mayores ingresos. Aunque el Gobierno sostiene que los recursos permitirán mejorar la gestión de los residuos y fortalecer la protección ambiental, diversos sectores advierten que la reforma podría traducirse en mayores costos para la actividad económica y, eventualmente, en un aumento de precios para los consumidores.
El Consejo Nacional de la Empresa Privada fue una de las entidades más críticas con el proceso. La organización denunció el uso reiterado del trámite de urgencia y alertó que las reformas complejas requieren deliberación técnica y consultas amplias, no aprobaciones aceleradas que limitan la participación de los sectores involucrados.
También la Asociación de Industrias de la República Dominicana y la Asociación de Industriales de la Región Norte expresaron su preocupación por la falta de estudios técnicos y de análisis de impacto regulatorio que justifiquen el incremento de las cargas económicas sobre las empresas.
El episodio vuelve a abrir el debate sobre la forma en que la administración de Abinader impulsa reformas de alto impacto económico. Para los críticos, la rapidez con la que se aprobó la iniciativa refleja una tendencia del oficialismo a priorizar la celeridad legislativa por encima de la construcción de consensos y la transparencia institucional.
La polémica además llega en un contexto de creciente malestar social por la situación económica. Encuestas recientes muestran un aumento de la preocupación ciudadana por el costo de vida y un desgaste progresivo en la percepción de la gestión gubernamental, especialmente en temas vinculados a la economía y el poder adquisitivo.
Mientras el Gobierno defiende la reforma como una herramienta para fortalecer el sistema de gestión de residuos y promover un modelo más sostenible, las críticas apuntan a que el procedimiento utilizado y la magnitud de los recursos en juego han sembrado dudas sobre los verdaderos alcances de la iniciativa.
Por ahora, la reforma de la ley de residuos sólidos se ha convertido en un nuevo foco de tensión para el Gobierno dominicano, que enfrenta cuestionamientos por la falta de diálogo y por la velocidad con la que se impulsó una modificación que, para muchos sectores, debió haber sido discutida con mayor profundidad y transparencia.








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