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Tensión social y maquillaje económico: cuestionamientos al plan de Gobierno frente a la crisis internacional

Detrás del discurso oficial de contención y protección social, crecen las dudas sobre la sostenibilidad real del modelo y su impacto en la economía dominicana. (Dibujo: NOVA)

En medio de un escenario global convulsionado por conflictos geopolíticos y presiones inflacionarias, el Gobierno de Luis Abinader volvió a defender su estrategia económica ante la cúpula de la Iglesia católica. Sin embargo, detrás del discurso oficial de contención y protección social, crecen las dudas sobre la sostenibilidad real del modelo y su impacto en la economía dominicana.

El encuentro, realizado el 21 de abril en Santo Domingo con la Conferencia del Episcopado, fue presentado como parte de una ronda de consultas para “consensuar” respuestas frente a la crisis internacional. Allí, funcionarios del Ejecutivo detallaron que el plan se basa en subsidios a combustibles y fertilizantes, así como en medidas para contener el costo de la canasta básica.

Subsidios millonarios y soluciones de corto plazo

Uno de los ejes centrales de la estrategia oficial es la inyección de recursos públicos para amortiguar el impacto externo. Según el propio Gobierno, ya se destinaron cerca de 10.000 millones de pesos dominicanos en subsidios a los combustibles, con el objetivo de evitar una escalada inflacionaria.

Este enfoque, aunque efectivo en el corto plazo para contener precios, abre interrogantes sobre su sostenibilidad fiscal. La dependencia de subsidios masivos implica un creciente esfuerzo del Estado que podría tensionar las cuentas públicas si la crisis internacional se prolonga. De hecho, la propia administración reconoce que ha debido “asumir sacrificios fiscales” para sostener estos programas.

Mucho diálogo, pocas definiciones estructurales

El Gobierno ha insistido en una estrategia basada en el diálogo con distintos sectores —empresarios, Iglesia, sindicatos— para construir consensos. Sin embargo, esta dinámica también expone una falta de definiciones estructurales claras frente a un contexto global adverso.

Desde marzo, el Ejecutivo viene convocando reuniones y mesas de trabajo para “mitigar” los efectos de la crisis, vinculada principalmente al conflicto en Medio Oriente y al aumento del precio del petróleo.

La reiteración de encuentros y anuncios sin medidas de fondo refuerza la percepción de una gestión más orientada a administrar la coyuntura que a transformar las bases de la economía.

Un modelo cuestionado

Las críticas a la política económica de Abinader no son nuevas. Diversos analistas han señalado que el aumento del endeudamiento, sumado a políticas que favorecen importaciones, ha debilitado la producción local y no logró frenar la suba de precios en bienes esenciales.

En ese contexto, la actual estrategia —centrada en subsidios y contención— podría interpretarse como una extensión de un modelo que prioriza la estabilidad inmediata por sobre reformas profundas.

Entre la contención y la incertidumbre

Mientras el Gobierno intenta mostrar capacidad de respuesta ante la crisis internacional, la realidad económica plantea desafíos cada vez más complejos. La presión inflacionaria global, el costo fiscal de los subsidios y la falta de transformaciones estructurales configuran un escenario incierto.

La exposición ante el Episcopado buscó legitimar el rumbo económico, pero también dejó en evidencia las limitaciones de una estrategia que, por ahora, parece más enfocada en evitar el impacto inmediato que en resolver los problemas de fondo.

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