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Emergencia sin control

VIDEO | Lluvias desnudan la fragilidad del Gobierno de Abinader: escuelas dañadas y servicios colapsados

La gestión de Luis Abinader vuelve a quedar bajo la lupa tras el impacto de un temporal que dejó al descubierto fallas estructurales y falta de previsión. (Dibujo: NOVA)

La República Dominicana atraviesa una nueva crisis provocada por intensas lluvias, pero lo que debería ser un fenómeno natural excepcional volvió a transformarse en un espejo de las debilidades del gobierno de Luis Abinader.

Escuelas dañadas, servicios básicos interrumpidos y comunidades enteras aisladas configuran un escenario que expone más que una emergencia climática: evidencia una gestión que no logra anticiparse ni responder con eficacia.

El temporal, asociado a una vaguada, obligó a suspender clases en múltiples provincias y dejó a decenas de centros educativos fuera de funcionamiento, afectando directamente a miles de estudiantes. Las autoridades justificaron la medida como preventiva, pero lo cierto es que la fragilidad de la infraestructura escolar quedó nuevamente en evidencia.

A esto se suman cortes de energía, fallas en el suministro de agua y colapso de servicios esenciales en distintas zonas del país, particularmente en el área metropolitana de Santo Domingo. Las lluvias, que en algunos sectores alcanzaron niveles excepcionales en pocas horas, pusieron en jaque un sistema que ya mostraba signos de precariedad.

El impacto no fue menor: más de una docena de provincias permanecieron bajo alerta, con riesgo de inundaciones y deslizamientos, mientras brigadas de emergencia debieron evacuar a miles de personas y rescatar a ciudadanos atrapados por el agua.

Sin embargo, más allá de la magnitud del fenómeno, las críticas apuntan a la falta de planificación estructural. Especialistas advierten que estos eventos climáticos no son nuevos en el Caribe y que, por lo tanto, requieren políticas sostenidas de prevención, inversión en infraestructura y sistemas de drenaje eficientes. Nada de eso parece haber sido prioridad para la actual administración.

Las declaraciones del propio Abinader, quien sostuvo que “ningún sistema de drenaje soporta tanta agua”, lejos de llevar tranquilidad, generaron aún más cuestionamientos. Para muchos, se trata de una admisión implícita de la falta de obras y previsión en un país que recurrentemente enfrenta este tipo de fenómenos.

Mientras tanto, la reanudación de clases anunciada por el Ministerio de Educación intenta mostrar una vuelta a la normalidad, aunque las condiciones de muchos establecimientos y la vulnerabilidad de amplias zonas siguen siendo una incógnita.

El episodio deja una conclusión incómoda para el oficialismo: no se trata solo de lluvias intensas, sino de un Estado que vuelve a reaccionar tarde. En un contexto donde los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, la gestión de Abinader parece correr siempre detrás de la emergencia, sin lograr anticiparse ni garantizar condiciones básicas para la población.

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