Se terminó la fiesta: la imagen de Abinader se derrumba en las encuestas y la mayoría desaprueba su gestión
La narrativa con la que Luis Abinader llegó y se sostuvo en el poder —la de ser el presidente que venía a “limpiar” el Estado dominicano— empieza a mostrar grietas cada vez más visibles.
La primera medición nacional de 2026 de la firma Sondeos confirma lo que en el oficialismo se comenta en voz baja y con creciente incomodidad: la desaprobación del Gobierno ya supera a la aprobación, y el desgaste dejó de ser un rumor para convertirse en un dato.
El 43% de los funcionarios del Gobierno de Abinader son corruptos, según encuesta SONDEOShttps://t.co/6qO0xu1rq1#RobertoCavada #RCNoticias #LuisAbinader pic.twitter.com/1tzwJsnbe9
— RCNoticias (@rcavada) January 30, 2026
El 53 por ciento de los encuestados tiene una opinión negativa de la gestión, frente a un 45 por ciento que aún la valora positivamente. No se trata de un derrumbe súbito, sino de una erosión sostenida que refleja un fenómeno conocido en la política regional: gobiernos que se presentan como “el cambio” y, con el paso del tiempo, empiezan a parecerse demasiado a aquello que prometieron combatir.
La corrupción vuelve al centro del escenario
El dato más incómodo para Abinader no es solo el malestar económico o la preocupación por el desempleo, sino el regreso de la corrupción como problema central en la percepción ciudadana. Un 47 % de los dominicanos cree que la mayoría de los funcionarios del actual Gobierno son corruptos, una cifra que creció respecto de mediciones anteriores y que rompe con la idea de que ese estigma estaba reservado únicamente para administraciones pasadas.
La paradoja es evidente: más de la mitad de los encuestados sigue considerando a Abinader como el presidente que más ha combatido la corrupción, pero al mismo tiempo casi la mitad percibe prácticas corruptas dentro de su propio Gobierno. En otras palabras, el discurso anticorrupción todavía sobrevive, pero ya no alcanza para blindar a la gestión de las sospechas ni del hartazgo social.
Problemas estructurales, respuestas débiles
El ranking de preocupaciones ciudadanas expone otro flanco delicado. El desempleo, la pobreza y la corrupción lideran las inquietudes, mientras que la inseguridad y la inflación siguen acechando. No hay sorpresas, pero sí una constante: problemas estructurales que el Gobierno no logra resolver con la contundencia prometida.
La caída en la confianza sobre la capacidad del Ejecutivo para solucionar estos temas es clara. Solo el 61 % cree que el Gobierno puede hacerlo, seis puntos menos que en la medición anterior. La tendencia es descendente y revela un agotamiento en la paciencia social.
Economía: alivio individual, pesimismo colectivo
Abinader puede exhibir un dato a su favor: una mejora relativa en la percepción económica personal. Sin embargo, el optimismo se diluye cuando la mirada se amplía al país en su conjunto. La economía nacional genera más opiniones negativas que positivas y las expectativas para 2026 están virtualmente empatadas entre optimistas y pesimistas.
Este contraste sugiere que el Gobierno no logra construir un horizonte colectivo creíble. El ciudadano puede sentir que “zafa” individualmente, pero no percibe un rumbo claro para el país.
Cambios que no cambiaron nada
Ni siquiera los recientes movimientos en el Gabinete lograron revertir el mal clima. El 57 % considera que las designaciones impulsadas por Abinader no colmaron las expectativas. Lejos de transmitir renovación o firmeza, los cambios fueron leídos como maquillaje político.
Un oficialismo desgastado, pero sin reemplazo claro
Quizás el dato más revelador sea político: el deterioro del Gobierno no fortalece a la oposición. El PRM sigue siendo visto como el espacio con mayores chances de ganar en 2028, no por entusiasmo, sino por descarte. La lógica del “mal menor” vuelve a imponerse, un síntoma preocupante para la calidad democrática.
Abinader gobierna, así, en una zona gris: con menos apoyo, más críticas y una ciudadanía que empieza a desconfiar, pero sin una alternativa que capitalice el descontento.
El límite del relato
Luis Abinader aún conserva capital político, pero los números muestran que su principal activo —la imagen de honestidad y cambio— ya no es suficiente para tapar los problemas de fondo. La corrupción dejó de ser un fantasma del pasado y volvió a rozar a su administración; la economía no convence y los cambios no entusiasman.
El mensaje de las encuestas es claro: el relato anticorrupción resiste, pero el Gobierno se desgasta. Y cuando la épica empieza a chocar con la realidad cotidiana, la paciencia social suele tener fecha de vencimiento.








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